jueves, 16 de febrero de 2017

Govinda



Juan Ignacio Ramón 820, entre Diego de Montemayor y Dr. Coss, Barrio Antiguo, Centro, Monterrey

Precios: baratos (buffet por menos de 100 pesos)

Horario: Lunes a domingo, de 12:00 pm a 5:00 pm

facebook.com/restauranteGovindaungustosuperior

Por Santoku

En la búsqueda por opciones diferentes para comer, dimos con este rico buffet vegetariano en el Centro. Govinda ofrece un abanico muy variado de platillos sin carne, con un toque de sazón de la India.



Lo encuentras detrás del edificio del estacionamiento del Museo del Noreste, el lugar es pequeño, pero acogedor, con toques hindúes y vibra hippie.



La mesera nos preguntó si era la primera vez que veníamos, y nos explicó la mecánica: 95 pesos por lo que gustes servirte de la barra, tú llegas, te sientas, comes y pagas al final. Los miércoles hay promoción y son dos buffets por 160 pesos.




Te incluye la bebida, en este caso agua de guayaba con apio, que venía muy fresca y era refill, seguramente tenían la jarrita en el refrigerador ya lista.



Atacamos el buffet buscando probar de todo. Tienen opciones frías para que armes tu ensalada con verduras, nopalitos, revuelto de soya, etc. Si gustas tienen a disposición aceite de oliva y vinagre para aderezar.



En el apartado caliente hay sopas, guisos de verduras como calabaza o champiñones, soya, pastas, arroces, papas horneadas, chiles capeados, tortitas y albóndigas de vegetales... nos gustó especialmente una hecha con betabel y zanahoria, no puedes distinguir que no es carne. A veces también tienen pizza.



Como decíamos, todo tiene un gusto especiado, con pincelazos de la cocina india, como el uso de cúrcuma y curry.

Por el tipo de comida que sirven, puedes aprovechar para comer ligero y sano... si te controlas, ya que si te atascas de papas y arroz, ambos muy sabrosos, se acaba lo light.



Aprovechamos también para probar sus postres, en este caso rebanadas de pay vegano (35 pesos, lo cobran aparte), una de mango y otra de durazno, ambas con un toque de cardamono. Estaban ricas, sólo que venían bastaste congeladas, se dificultaba partirlas.



¿Volveríamos? Claro, es una opción diferente, buena y práctica para quienes andamos de rol o trabajamos en el Centro de la ciudad. El sazón es muy bueno y no hay excusas de que no llenaste. Suelen rotar los guisos, así que en cada visita es seguro que encuentras algo diferente.

Recomendamos: Del buffet, las albóndigas vegetarianas, los chiles capeados y las papas horneadas. Pero lo que escojan tendrá buena sazón, prueben de todo.

Comimos hasta que nuestro estómago y corazón quedaron contentos. Ya anotamos al Govinda en la lista de lugares BBB (buenos, bonitos y baratos) para comer algo rico y variado, y por supuesto quedar... al filo de la mesa.

¡Hasta el próximo corte!...

viernes, 10 de febrero de 2017

Seúl




Río Mississippi 118, Col. Del Valle, Centrito Valle, San Pedro

Precios: medios-altos (entre 150 y 350 aprox. según lo que pidas)

Horario: Martes a sábado de 12:00 pm a 12:00 am; domingo de 12:00 pm a 11:00 pm; lunes cerrado

facebook.com/restaurantcoreano

Por Santoku

Cada vez es más grande la presencia de coreanos en la ciudad, por las nuevas empresas, y con ellos llegan su cultura y gastronomía.

El Seúl existe desde antes del boom reciente, pero ahora lo aprovecha para brindar platillos autóctonos a connacionales y regiomontanos por igual.

Acudimos a su local, muy acogedor, en Centrito Valle y nos acomodamos en la mesa. La propietaria, muy sonriente, vino a atendernos y dejarnos los menús.



Éstos están en español, pero en las paredes tienen pizarrones con el nombre de los platos en coreano para los compatriotas visitantes (que sí había varios, se rumora que a ellos les sirven más...).



La lista de platillos es muy variada, tienen desde parrilladas, guisos, pastas, sopas, entradas, postres... Mientras lo hojeábamos, nos trajeron los complementos que eran kimchi, que es un sellos de la cocina coreana, básicamente es col sazonada con especias; y aparte germinado de soya y espinacas.



Por cierto, aquí los palillos son de metal, como cualquier otro cubierto (te traen éstos, tenedor, y cuchara.



Empezamos ordenando las bebidas, que fueron una limonada con gengibre (el cuál ni se notaba) y una jarra de té verde, bastante interesante.




Hacía mucho frío, así que optamos por sopas calientes. Y se lo toman en serio, porque te las sirven en un plato ardiendo, así que esperen un poco, no se vayan a quemar. Por cierto, todos los caldos los acompañan con un platito de arroz, que está algo apelmazado pero muy simple y rico.

Optamos por un Yuk Ke Chang (180 pesos), que es caldo de res picante con germen de soya, cebolla, cebollín, champiñones, nabo y fideos. Está sabroso y reconfortante.



También un Kim Chi Chi Gue (150 pesos), que es caldo picante a base de kimchi, cebolla, calabaza, tofu y carne de puerco. Es de sabor intenso y agregándole el arroz supo aún mejor.



Pedimos también al centro una ración de Toppoki, que en el menú escriben como Tek Bo Qui (150 pesos), una botana muy común en Corea. Se trata de un guiso con rollitos de arroz, carne de res, repollo, zanahora y cebolla.



La salsa picosita de éste está deliciosa, pero hay que comerlo caliente, de inmediato, porque si se enfrían los rollos de arroz se vuelven chiclosos y poco disfrutables.

Tuvimos curiosidad además por los Se U Jen (100 pesos), que son minitortitas delgadas de huevo con camarones pequeños, que te sirven acompañadas de salsa de soya.



Éstas son una comida muy simple, que sirven en las calles coreanas. No están mal, pero saben muy aceitosas.

¿Volveríamos? Sí, el menú es inmenso y amerita varias visitas. Nos sugirieron probar en la siguiente vuelta las alitas, costillas y demás “comida corrida”, aunque estén algo caras. Iremos y diremos.

Recomendamos: De las sopas, nos quedamos con el Kim Chi Chi Gue. Mézclenlo con el arroz como si fuera consomé.

Fue como un pequeño viaje a Corea nuestra visita al Seúl, comimos como realeza y quedamos totalmente... al filo de la mesa.

¡Hasta el próximo corte!...

martes, 24 de enero de 2017

Fray Burger




Av. Pablo A. González (Fleteros) 412, Col. San Jerónimo, Monterrey

Precios: medios-altos (entre 150 y 250 pesos)

Horario: Lunes a domingo, de 12:00 pm a 11:00 pm

facebook.com/frayburger

Por Santoku

¡Santa hamburguesa!, es lo que buscan que exclamemos al darle una mordida a una Fray Burger.

Este restaurante ubicado a una cuadra de Galerías Monterrey ofrece hamburguesas estilo comida rápida, pero con ingredientes de calidad, de verdad, para crear sabores intensos.





El local es amplio y llamativo, pides en la barra como en cualquier cadena gringa, el menú es digital y cambia constantemente para mostrarte las opciones. Si tienes prisa, también tienen drive thru.




Por ser nuestra primera vez, la cajera se encargó de explicarnos qué tenían para comer. Manejan dos tipos de hamburgesas: las de res, con carne angus, y las de pechuga de pollo.

Ordenas y te llevan la comida a tu mesa. El tiempo de espera es más largo que en otros sitios de comida rápida. Al llegar tu pedido, te ofrecen también en bandeja los complementos que quieras tomar: catsup, pepinillos, jalapeños.

Pedimos para abrir hambre unos “Pechuggets” (58 pesos), seis piezas de pechuga de pollo empanizadas, bien freídas, acompañadas de salsita dulce o picante; nos fuimos por la segunda.



Son mucho mejor opción que los nuggets comunes de cualquier cadena de fast food en la ciudad, la pechuga está suave, cocida al punto y el empanizado está sabroso. Si la calidad del pollo en las hamburguesas es como ésta, seguro están deliciosas. Eso sí, aguas al morderlos, suelen venir calientes.

De las burgers nos fuimos por las de res. Primero saboreamos la clásica Fray Burger (148 pesos en combo), que tiene carne jugosa Angus al punto que chorrea y se deshace en tu boca, y queso cheddar de verdad, que se nota en su textura derretida y sabor intenso.



Completan el sándwich el pan enmantequillado, lechuga y su salsa secreta, que debe estar rica, porque no comprometió el sabor de la hamburguesa, pero tampoco es algo que se note mucho a diferencia de las del McDonalds o Carls Jr., que les dan su toque distintivo. Aquí esa función la cumple la carne.

La acompañamos con papas a la francesa, que cumplen su propósito y te las sirven en buena cantidad.



Para los apetitos feroces está la Doble Fray (209 pesos en combo), que es como la anterior, pero con doble carne y queso. Es enorme, realmente se ve como en la publicidad, no te engañan, te llena y satisface como debe ser.




La doble la acompañamos con un “Papichurro”, que es el sello de la casa: un churro hecho de papa relleno de catsup.



No está mal, pero podrían ponerle un poquito más de sal, y que la catsup de adentro esté caliente podría no gustarles a todos. Sugerimos dar otras opciones para rellenar: salsa bbq, queso, salsa picante, mostaza dulce... usen la imaginación.

De beber probamos su “Lemonada” de limón amarillo. Estaba bien, pero algunos la consideraron muy dulce. También hay refrescos.

Para rematar, quisimos probar sus "Maltadas" (malteadas), porque ¿qué restaurante de comida rápida que se respete no las ofrece? La opción fue de vainilla, en presentación chica (58 pesos).



Está rica, cremosa y por 20 pesos más puedes agregarle tocino, sí, como lees. En un principio no sabe tan mal así, pero después de un rato se notan los pedacitos salados. Nos tomamos la mitad nomás, porque ya estábamos muy llenos.

¿Volveríamos? Sí, pero no tan seguido. ¿Por qué? No es por la comida, que es excelente y con ingredientes de máxima calidad, se agradece que alguien ofrezca comida rápida como deseamos que sepa y se vea. Más bien es por los precios: para ser fast food es caro, y la verdad si tengo antojo a mitad de semana prefiero ir por ejemplo al Carls Jr., que ofrece algo similar algo más barato, muy rico, y con mayor variedad (Ése es otro punto, sugerimos en un futuro ofrecer más tipos de burgers). Suponemos que conforme avance el negocio y abran otras sucursales bajarán los precios.

Recomendamos: la Fray clásica (o doble si tiene hambre), la carne y el queso son de lujo, los mejores en el giro de comida rápida que hemos probado en Monterrey.

Con la bendición de Fray Burger, nos retiramos llenos, satisfechos y.... al filo de la mesa.

¡Hasta el próximo corte!...

martes, 17 de enero de 2017

Yamasan Ramen House



Av. Vasconcelos 345, Col. Santa Engracia, San Pedro, en Plaza Tanarah

Precios: medios-altos (poco arriba de 200 pesos por persona)

Horario: Martes a sábado, de 1:00 pm a 11:00 pm; domingo de 1:00 pm a 5:00 pm. Lunes cerrrado.

facebook.com/RamenMonterrey

www.yamasan.mx

Por Santoku

Por lo general, cuando pensamos en comida japonesa en Monterrey, nos vienen a la mente infinidad de locales de sushi, la mayoría bastante anorteñados. Lugares para degustar verdadero sazón nipón, con más variedad, son pocos en la ciudad. El Yamasan es uno de ellos.

Este restaurante en Plaza Tanarah, que es parte de una cadena con sucursales en la CDMX y Querétaro, ofrece una lista de platillos cocinados al momento, pero su especialidad es el ramen, o fideos japoneses.



Puedes sentarte en mesas afuera, o adentro en la barra frente a la cocina. Como hacía frío, optamos por la segunda y la consideramos una mucho mejor experiencia, es como estar en una fonda japonesa, viendo cómo preparan tus alimentos.




Para beber pedimos una limonada con jengibre, que no está mal, pero yo no le encontré el sabor a jengibre, quizás de manera muy sutil.

Para comer, primero pedimos unas Yaki Gyoza (85 pesos) para compartir, que son cuatro empanadas de carne, totalmente suculentas. El mesero nos explicó cómo preparar la salsa para aderezarlas, con vinagre, soya y chile que ya están sobre la barra.



Como debe ser, aunque batalle, me las comí con los palitos, pero también hay tenedores para aquellos que no sean tan diestros en la tradición oriental.



Ahora sí, a lo que íbamos: el ramen. Nos fuimos por las opciones Yamasan, en tamaño chico (145 pesos), y el Boshu Kakuni, chico también (145 pesos). “Chico” es un decir, porque es un plato sopero tamaño estándar, que te deja bien servido; para los apetitos feroces está la opción grande, que es como para alimentar a una familia pequeña.

El Yamasan es un caldo espeso de cerdo y pollo, más los fideos, verduras como repollo, zanahoria y elote y finos trozos de tocineta. Está riquísimo y reconfortante, aunque el sabor es especiado, se nota mucho el ajo y el jengibre, a nosotros eso nos gustó, pero es algo para tomar en cuenta para paladares más sensibles.



Por su parte, el Boshu Kakuni es un caldo más ligero, de cerdo, y no cualquier corte, sino un exquisito trozo de pork belly que se derrite en tu boca, con sus respectivas verduras y fideos. Estaba tan bueno que al final levanté el tazón y me bebí el caldo... me sentí en un ánime.



El ramen en ambos está justo en su punto, ni muy blando ni duro, se come también con los palillos (o tenedor), pero en la barra también hay cucharitas especiales para ir bebiéndote el caldo.

¿Volveríamos? Claro que sí, es delicioso, además nos falta probar todo lo demás que no es el ramen. Y la experiencia de comer en la barra, viendo trabajar al chef y su equipo de cocineros, le da un plus a la visita.

Recomendamos: El ramen Boshu Kakuni... la verdad cualquiera que pidan es seguro que estará delicioso. Vayan y disfruten.

Arigato, Yamasan, nos dejaste total y completamente... al filo de la mesa.

¡Hasta el próximo corte!....

jueves, 12 de enero de 2017

Kod Rustic Deli



Reforma 3038, Col. Mitras Centro, Monterrey

Precios: medios (menos de 200 pesos)

Horario: Lunes a jueves, de 3:00 pm a 10:00 pm, viernes a sábado de 3:00 pm a 11:00 pm, domingos de 6:00 pm a 11:00 pm

facebook.com/kodmx

kodmx.com

Por Santoku

A comer como vikingos, a eso fuimos al Kod Rustic Deli, una propuesta muy interesante que ofrece una sazón medieval en platillos pensados para satisfacer a toda una horda bárbara.

En este restaurante ubicado en Mitras Centro, buscan que te sientas como en el gran salón de un antiguo castillo, con decoración con temas nórdicos y del medioevo. Tampoco hay cubiertos, todo se come con la mano.



Además del área interior, que consiste en una mesa enorme comunitaria y un par más pequeñas, también tienen área exterior. Algunas veces organizan eventos de época, como música medieval en vivo, o los torneos de arquería que se están volviendo tradición en este lugar.




La música ambiental busca ponerle el toque épico, aunque la vez que fuimos era una tonada que recordaba más al Concilio de Elrond que a un festín del Valhalla. Eso, junto a a luz tenue del restaurante, nos daba sueño, podrían poner algo más festivo.



Pero vamos a lo que nos importa: la comida.

Aquí los platillos estrella son tortas hechas con productos ahumados: salchicha, pollo, cerdo, hongos, etc. Todo es artesanal, incluyendo el pan. También venden embutidos por kilo y conservas para llevar.

Probamos la torta Ragnar (85 pesos), que es de salchicha ahumada con conserva de aceitunas y col.



Ésta era de excelente sabor, similar a un chorizo norteño a la cerveza. Pero el pan, aunque muy rico también, se deshacía de forma fácil, esto debido a que la salchicha ocupa el centro, y los lados del pan se desmoronan. Una solución sería cortar la salchicha para acomodarla a todo lo ancho, o cambiar el pan por una versión como para hot dog.

La acompañaron papas al vinagre, que aunque poquitas, estaban riquísimas.

También le hincamos los colmillos a la Hugin-Munin (85 pesos), que es de pollo marinado en el pesto de la casa, con conserva de tomates cherry y queso suizo.



Aquí el pollo tenía muy buen punto de cocción, estaba suave, en general está muy bien, pero una pizquita más de sal no le habría hecho daño.

Otra opción es la torta Freya (85 pesos), que es de chicharrón de tocineta de cerdo ahumado, con col, vinagre de sidra de manzana y pepinos encurtidos. De ésta sí no hubo peros, está suculenta por donde la veas y la muerdas.



Eso sí, en general el tamaño de las tortas deja un poco que desear para alguien con hambre vikinga. Menos mal tienen otras opciones como el chamorro de cerdo (150 pesos).



Aquí te sirven el barrilito de puerco ahumado con toque frutal y chiles regionales, para que lo comas como guerrero: directo del hueso. La cocción es perfecta, se deshace en tu boca y satisface hasta al mismo Thor.

También tienen costillas de res, que ya no alcanzamos a probar esta vez, pero se ven dignas de Odín, regresaremos por ellas.

Comentaba el chef que en el fondo lo que ofrecen es comida estilo europea mexicanizada, que no está mal, pero podrían apostarle aún más hacia el lado nórdico, creemos que sí pegaría.

Y la pregunta del millón: ¿la cerveza? Porque ¿cómo puede haber un festín medieval sin un buen tarro tamaño berserker?

Por desgracia, al día de nuestra visita aún no contaban con el permiso de alcoholes, nos tuvimos que contentar con un agua de jamaica con arándanos, que no está nada mal, pero no es lo mismo.



Sin embargo, tienen el plan para que una vez con el papeleo en orden, ofrezcan incluso marcas propias de cerveza y aguamiel. Ya nos dio sed...

¿Volveríamos? Sí, es un lugar que promete, la sazón es excelente, van empezando y una vez que afinen los detalles estamos seguros que será un punto de reunión para la comunidad fanática de lo medieval en Monterrey. Esperamos que a la vuelta la mesa esté llena de vikingos y valkyrias en franca convivencia, saciando el hambre feroz posterior a la batalla.

Recomendamos: la torta Freya y el chamorro de cerdo. Las salchichas también son muy buenas, pidan para llevar a casa.

Espadas afiladas, cascos en posición, y buena comida en el estómago, ya estamos listos para regresar al Kod y quedar... al filo de la mesa.

¡Hasta el próximo corte!...